Bajo este título, el diario "El Estadista", publicó el jueves 12 de Agosto en la página 5 la nota de Carlos Fara, que adjuntamos a continuación.
Desde que los Kirchner llegaron al poder en 2003, mucho se habló de un regreso del setentismo, y hasta se trató de rastrear una adaptación de los valores sociales hacia tal fase política. Con el tiempo no se pudo realmente percibir algo claro, aunque por supuesto ciertas tendencias de largo plazo de la opinión pública convalidaron el apogeo del proyecto K. Solo para mencionar una, se puede aludir a la fuerte demanda de presencia del Estado en lo económico, contradiciendo la orientación que la misma sociedad había expresado en la década del ’90.
Sin embargo, la expresión más ideológica y política de los ´70 no se puede decir que haya sido asimilado por la mayoría social en la década que termina. Más bien fue la adhesión a ciertas políticas públicas, acompañadas del éxito económico, el cual resaltó frente a la peor debacle de la historia argentina. Menem también usufructuó varios años de mieles populares a partir de poner una solución definitiva al karma de la inflación.
A este electorado ya hace unos 20 años que las expresiones ideológicas tradicionales (derecha – izquierda, socialismo – liberalismo, etc.) no le cuajan. Es muy poco el público que se siente convocado por tal lenguaje. Estos votantes despolitizados, desinformados, desideologizados no responden a tales estímulos verbales. Esta tendencia no es solo argentina, se da aún con mayor fuerza en América Latina y el resto del mundo. Es un signo de los tiempos, y parece irreversible.
De ahí que en los últimos años haya aparecido lo que se dio en llamar el “debate valórico”, esto es, la expresión de valores sociales que coinciden objetivamente con las ideologías que tradicionalmente conocemos, pero que no se relatan bajo un conjunto articulado de axiomas, sino a través de debates puntuales. Al respecto hay ejemplos hacia la derecha y la izquierda.
Cuando Bush gana la elección presidencial en 2004 frente a Kerry, lleva el debate hacia issues aparentemente intrascendentes como el aborto o si hay que rezar en las escuelas. La estrategia de los primeros tiempos de Rodríguez Zapatero después que ganó la elección post Atocha al Partido Popular, fue plantear debates en los cuales sus posiciones progresistas –el sostenimiento del culto católico o el casamiento entre homosexuales- contaban con una amplia aceptación del electorado español. Tanto uno como el otro estaban llevando agua para su molino ideológico, sin decirlo tal cual.
En estos momentos existe en la Argentina un discurso social bastante crítico hacia los medios de comunicación en general, acompañado de una desconfianza hacia las corporaciones, que se arrastra desde la crisis de 2001 / 2002. Más allá de que las encuestas vienen registrando un cierto equilibrio en el enfrentamiento entre el gobierno y el grupo Clarín, en los estudios cualitativos (focus groups) de los últimos meses viene calando una posición receptiva hacia la necesidad de la diversidad de voces, aunque la mayoría no coincida con el estilo de confrontación que ha planteado el oficialismo.
Si a esto se le suma la posición mayoritaria hacia el matrimonio homosexual, la adhesión ya de larga data a la defensa de los derechos humanos, a la reestatización de Aerolíneas Argentinas y los fondos jubilatorios, entre otros ítems, se puede decir que no existe “setentismo” en la sociedad, pero sí adhesión a ciertos valores que podrían tener raíz en aquella experiencia histórica. Esto se observa con mayor incidencia en el segmento joven.
Teniendo en cuenta que esta época histórica rompe con muchos parámetros tradicionales, al ser más horizontal en todo sentido, y liberal en lo social, el progresismo que quiere expresar el kirchnerismo en el debate político nacional, podría tener anclaje en algunos valores sociales con los que se pueden identificar las nuevas generaciones.
Los axiomas de los ´70 pueden estar expresándose hoy en los valores de la globalización, la sociedad del conocimiento o la tercera ola de Alvin Toffler.